
Sospechoso: ¿incompetencia o deshonestidad?
¿Honestos, pero incompetentes? ¿Deshonestos e incompetentes? ¿Deshonestos y competentes?
Difícil clasificar al futbol mexicano.Lo cierto es que semana a semana sus emisarios se encargan de darle vida alegre a cualquiera de las tres interrogantes con las cuatro opciones.
Esta semana, por ejemplo, Jaime Herrera por un lado, Jorge Alfredo Peñaloza por el otro, y Armando Archundia complementando la tercia de jueces con truculentas actuaciones, no permiten dilucidar sus motivos ni sus orígenes puntualmente.
Peñaloza, por ejemplo, en Toluca contra San Luis, presenta una larga lista de errores que tienen incidencia en el resultado, inventando penales y negando otros.
¿Alguien puede evitar cuestionamientos a Jaime Herrera en el triunfo de Pachuca contra América?
¿Y lo de Armando Archundia beneficiando al Atlante ante el Morelia puede ser considerado casualidad o descaro?
Lo cierto es que estos tres, como en otras jornadas otros colegas suyos, han terminado por decidir resultados e incluso afectar las tablas de posiciones.
Por eso la duda es inevitable.
Son malas decisiones o son decisiones malas.
Son malos árbitros o son árbitros malos.
En ocasiones parece un problema de capacidad, pero en otras parece un problema de honestidad.
Lo cierto es que el arbitraje mexicano se convierte en una inevitable sobremesa amarga, y a veces quienes lloran, maman, como el Puebla, que en un juegazo espectacular ante el Santos no tuvo oportunidad de quejarse, a pesar de sus violentos desencuentros arbitrales recientes.
Se dice que es un problema de formación y de capacitación.
Tal vez sea, finalmente, necesario, profesionalizar ese oficio.
Tal vez sea necesario, finalmente, pagarles mejor para que entre semana, en lugar de dedicarse a sus profesiones u oficios, de los cuales viven primariamente, se dediquen a entrenar, a capacitarse, a revisar sus videos, los de sus colegas, e involucrarse más con un pasatiempo al que sólo dedican el fin de semana, sin olvidar cómo algunos han perdido hasta el gafete de FIFA por excederse de peso al dejar de ejercitarse.
Tal vez sea necesario poner al frente de los árbitros a alguien que piense, sienta y se comprometa como árbitro, en lugar de Aarón Padilla, porque quienes lo conocen, dicen, es una persona limpia y honesta, pero dependiente, demasiado, de los intereses de algunos directivos del futbol mexicano.
Alguien que se rebele contra ese ordenador, computador, o como quiera llamarle que semana a semana parece encontrar al árbitro incorrecto para el partido incorrecto, y que aquello termine en nuevo suicidio de su dignidad como juez, y generalmente como un homicidio culposo del técnico o equipo en cuestión.
Y retumban las palabras de Justino Compeán, presidente de la FMF, cuando afirma que “nos felicitan por el nivel de nuestro arbitraje”, y sin duda debe estar peor el nivel de los jueces futboleros en esos países donde se maravillan de los estropicios, sean tropelías o accidentes, que perpetran puntualmente los silbantes aztecas.
Hay quienes defienden la causa diciendo que Marco Antonio Rodríguez, el famoso, temido e inefable “Chiquidrácula”, porque es el juez asignado para el duelo complicadísimo del Mundial Sub-20 entre Uruguay y Brasil.
Sería bueno indagar entre jugadores y técnicos salvadoreños, hondureños, guatemaltecos y costarricenses, sus opiniones sobre él.
Cierto que el problema del arbitraje es a nivel mundial, no pertenece sólo a la Concacaf y mucho menos a México, pero si el mal de todos, será el consuelo de los tontos en el futbol mexicano, todo seguirá igual, y con la tendencia corruptible, al gozar de impunidad, de incluso empeorar.
Lo lamentable es que las dudas seguirán sobre los planteamientos iniciales.
¿Honestos, pero incompetentes? ¿Deshonestos e incompetentes? ¿Deshonestos y competentes?
Porque, queda claro, a veces los mismos oscuros personajes pueden ser competentes, después incompetentes, enseguida honestos y a veces, algunas, podrían ser sospechosos de deshonestidad.
Al final de cuentas sólo ellos lo saben, y queda claro que se llevarán el secreto a la tumba.
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