
Un pie en el cuento de hadas…
Es una tentación comenzar con una frase retadora de Paulo Coelho en su libro Once Minutos: “En nuestras vidas tenemos un pie en el cuento de hadas y otro en el abismo”.
Para no defraudar a los tres o cuatro tremendistas que siguen este espacio, es mejor primero lanzar los peros y los atenuantes de la victoria mexicana sobre Isla Guadalupe.
1.- Los antillanos no tenían nada qué ganar ni nada que perder. No salieron exigidos, ni exigiendo ni exigiéndose, y ése fue, sin duda, el mayor de sus pecados.
2.- El silbante ¡trinitario! Neal Brizan midió con raseros distintos infracciones idénticas. ¿Estaría enterado de la afirmación de su patriarca Jack Warner (”Tú duerme tranquilo, México estará en el Mundial”)?
3.- Isla Guadalupe renunció formalmente al ataque desde la alineación y lo confirmó con el parado en la cancha; es decir, entregó la iniciativa sin decoro al Tri.
4.- En el segundo tiempo desapareció México y no se debió a las dos cómodas excusas que suelen usarse en estos casos: es decir, ni se replegó para orquestar contragolpes, ni el equipo guadalupano se le vino encima por su ambición y poderío.
5.- ¿Fue una realidad o un espejismo? ¿Fue un acto de escapismo o de desesperación? ¿Es el precio y el peso del trabajo o el precio y el peso del pánico? ¿El nivel de Magallón e Ismael es éste o el de los anteriores juegos?
Bueno, luego de que más de alguno de los cuatro biliosos que soportan este espacio masticaron sin tragar y tienen sus propias apelaciones, podemos pasar al listado de lo positivo de esta victoria.
1.- Fue el triunfo más convincente del Tri en la época de Javier Aguirre, lo cual, sin embargo, no es mucho.
2.- Fue el primer tiempo de mejor nivel, sin los europeos (¿se puede tomar como tal a Giovani?), en un torneo oficial, desde la salida de Hugo Sánchez, al que habría que abonarle, con europeos, las exhibiciones ante Paraguay, Uruguay, y el primer tiempo ante Argentina en la Copa América.
3.- Giovani dejó constancia de su potencial y lo hizo ante un adversario que físicamente (velocidad, fuerza, repentización) lo puso a prueba. Lástima que despareció de nuevo en la segunda mitad.
4.- El equipo sobrevivió al zafarrancho de Javier Aguirre. Todo el escenario de la agresión dramatizada sobre el panameño Phillips pudo haber sido el detonante que erosionara a la selección mexicana y no ocurrió.
5.- Esto refleja que dentro de la dinámica de grupo se filtró de manera sabia, consciente, solidaria, y con el discurso correcto, el desquiciamiento de un Aguirre históricamente explosivo.
6.- El segundo tiempo dejó enseñanzas. El Tri dejó de apretar en la salida, dejó de buscar recuperar balones donde lo hizo con éxito en el primer tiempo, dejó de morder en la zona donde asfixiaba eficientemente a Isla Guadalupe.
7.- Ya se ha dicho que la televisión es una mentirosa porque muestra mucho, pero a veces se reserva lo esencial. Haber visto el juego en el estadio hubiera permitido percibir más claramente esa variante del achique que hacía el Tri, muy parecido e interesante como el de Ricardo La Volpe, que ante un adversario como los “lupitos” fue eficiente, e incluso aportaba una salida inmediata por los manejos cortos de balón.
8.- En la lucha desgastante, en las colisiones constantes ante un equipo de vehemencia, los hábiles aprendieron a escapar de las agresiones, pero no se atrevieron a huir de los enfrentamientos, y como resultado curioso el picapiedra mayor del Tri, autor del gol salvador, el del 1-0, Gerardo Torrado, era el más castigado.
9.- Al final, México le gana al adversario más peligroso del grupo, más exigente de su casilla, y queda perfilado para una semana de trabajo tranquilo, pacífico, regenerador en todos aspectos, para medirse con Haití, que selló su pase jugueteando con la angustia de la selección C de Estados Unidos.
Puestas así las rosas y las espinas de la selección mexicana en esta victoria, queda claro, que en suma, en cantidad, deben sobrevivir las sonrisas y las esperanzas de la afición mexicana.
Cabría incluso, para quien sea tan osado, pensar que un Tri de 90 minutos, como los primeros 45 ante Isla Guadalupe, un satélite flotante y sin órbita en el universo de la FIFA, con eso le bastaría para llegar a la final de la Copa de Oro e incluso ser capaz de ser un digno contrincante en esa instancia.
Punto aparte merecerá el efecto puntual, la trascendencia al interior del grupo que tuvo el pasaje de Aguirre con Phillips.
Hay versiones interesantes, pero para poder establecer el real método para catalizar el incidente, hacen falta más elementos para que no quede como una carta jugada a ciegas y sin testimonios más profundos y fidedignos.
Y así como en la entrevista con Justino Compeán se analizó lo “oportuno” que podía ser, irónicamente, el desastroso pasaje de Aguirre y el jugador panameño, ahora tal vez se pueda hablar del oportunismo de esta victoria sobre Guadalupe.
Por supuesto que esa victoria no es prístina ni alcanza para soltar a la banda del pueblo vestida de gala por las calles licenciosas del triunfalismo. Para nada, restan jornadas de trabajo, de compromiso, y, esperamos, un auténtico parteaguas, pero no al estilo del “Vasco” contra Panamá.
Por eso la frase de Coelho: “En nuestras vidas tenemos un pie en el cuento de hadas y otro en el abismo”, encaja perfectamente con este Tri, de pasado triste, de futuro incierto, pero de presente en tregua.
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